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La Torre Rosa – Icono de la pedagogía Montessori

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¿Por qué es tan conocida y gusta tanto este material?

Esta torre consta de 10 cubos de madera de haya maciza pintada con pintura lacada no tóxica de color rosa, de distinto tamaño, siendo el más pequeño de un centímetro de arista y el más grande de diez centímetros de arista, en variaciones de un centímetro cúbico. Es decir, 10 cubos que miden en cm 1x1x1, 2x2x2, 3x3x3, 4x4x4, 5x5x5, 6x6x6, 7x7x7, 8x8x8, 9x9x9 y 10x10x10.

Trabajar con la Torre rosa, ayuda a los niños a interiorizar conceptos matemáticos como el volumen, el peso, el sistema decimal, la raíz cúbica, etc…

Se enriquece el vocabulario: grande-pequeño, ligero-pesado, más que, menos que…

Ayuda a perfeccionar los movimientos de motricidad fina y gruesa necesarios para manipularla (el cubo más grande se cogen con las dos manos, el más pequeño con los dedos en forma de pinza…)

Se desarrollan capacidades como la concentración, la coordinación, el orden y la discriminación visual, así como la preparación para las matemáticas.

Se puede trabajar con la torre sola o combinada con otros materiales a modo de extensiones para aumentar su complejidad una vez los niños tienen superadas las primeras presentaciones.

¿Qué se os ocurre hacer con la torre rosa? Pensarlo unos instantes….

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¿Una torre tal vez? ¿Empezamos montándola en horizontal?

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¿Qué tal si ahora la montamos ordenando las aristas de un mismo lado y la observamos desde diferentes ángulos?

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¿Y si ahora probamos a hacerlo de nuevo pero esta vez con los ojos cerrados?

¿Y si probamos a combinarla con otros materiales?

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¿Usamos plantillas?

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Hay infinidad de posibilidades de trabajo con ella, muchas más combinaciones con otros materiales Montessori. Siempre y cuando suponga un reto asumible por el niño (ni muy fácil ni muy difícil), éste trabajará concentrado durante mucho tiempo experimentando con este maravilloso material.

¿Os animáis a probarlo?

Recordar que es muy importante tanto el modo en que se presentan los materiales, como el lugar donde se ubican en el ambiente preparado y hacerlo en el momento adecuado para cada niño.

Poco a poco iré realizando más posts con imágenes e incluso vídeos hablando de materiales Montessori de todas las áreas, espero que os sean de utilidad.

Estas y otras muchas cuestiones son las que intento transmitir en mis cursos vivenciales. Si quieres ver el calendario de cursos pincha aquí, y si deseas que me desplace a tu localidad no dudes en contactar conmigo.

Mar MV

 

 

 

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Montessori y el juego como estrategia de aprendizaje

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¿Recordáis las jornadas sobre Juego libre donde se presentó el documental Imagine Elephants, que organizaron Mamielo, Clap y Miscelánea con la colaboración del Ayuntamiento de Castellón y del Patronat de Esports en Castellón y en Villarreal?

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Para quien no pudo asistir a ninguna de las dos ediciones, os comparto un resumen de mi aportación como ponente en calidad de Presidenta de la Asociación Montessori de Castellón y Guía Montessori:

Una vez, una madre preocupada me hizo una consulta: “Sé que jugar con mis hijos y sobre todo dejarles que jueguen ellos solos de forma libre y espontánea es super importante para ellos, pero no me imagino cómo va a ser ello posible cuando los tenga que llevar a la escuela.”

Sé que esta duda la tienen muchas familias. Voy a intentar aclarar esta cuestión acerca de la educación Montessori y cómo ésta incorpora el juego en su día a día.

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Un niño Montessori se pasará el día jugando, tanto en el aula como en casa. Y eso es así porque en el aula se practica el juego como estrategia de aprendizaje.

Entre dos y cuatro horas al día (dependiendo de la edad y de otros factores), los niños estarán jugando en el aula con materiales específicos con fines concretos y unas pautas de actuación.

Y digo jugando porque son ellos los que eligen lo que les apetece hacer, durante cuanto tiempo hacerlo y además se divierten haciéndolo, por lo tanto la tarea se convierte en juego. La única diferencia es que esas horas de aula, el juego estaría “dirigido”.

Para que os hagáis una idea de cómo es un aula Montessori, son espacios amplios y luminosos, donde los niños pueden moverse con libertad. Se intenta de alguna manera recrear una casa pero en miniatura, con muebles del tamaño de los niños y materiales de su tamaño a su alcance que pueden usar si lo desean. (Vasos, platos, jarras de cristal, cuchillos, cuencos, botellas, estanterías, mesas, sillas…  todo está adaptado a ellos) Confiamos en ellos proporcionándoles elementos reales, solo que de su tamaño.

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Se permite que jueguen con lo que quieran siempre que estén preparados para ello, sin intervenir, ni dirigir, ni interrumpir cuando juegan, así se favorece su autonomía, su concentración y autoestima pues al repetir la misma acción una y otra vez, las habilidades van mejorando y se van dando cuenta de ello. Y solo se les proporciona ayuda si el niño la solicita, o se ofrece si se observa necesidad.

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El día a día en una escuela Montessori:

Primero pasan 3h/día en el aula concentrados con unos materiales específicos especialmente pensados y diseñados para ellos, con un propósito definido y unas pautas de actuación, y después pasan a hacer actividades grupales o a jugar libremente si lo desean en el exterior o en otra aula.

Por ejemplo, un niño de 3 años que llega a la escuela, muestra especial interés por los trasvases con agua, pasará 3horas practicando una y otra vez a trasvasar líquido de un recipiente a otro, con pipetas, jeringuillas, directamente… y después, se pondrá a jugar con los demás como cualquier otro niño, solo que ese día habrá perfeccionado una tarea que realmente le apetecía realizar. Y si durante el juego hay que trasvasar algo, ya lo tendrá dominado.

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A lo largo del día hay tiempo para todo, y todo es importante.

Es decir que por una parte en el aula se usan materiales Montessori específicos con un propósito concreto, los niños tienen libertad de elegir con cual quieren trabajar y cuanto tiempo quieren estar, así como libertad de uso de los mismos, siempre y cuando se respete el material y los compañeros.

Y por otra parte, el resto del tiempo jugarían con:

Materiales no estructurados:

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Son aquellos que no han sido especialmente pensados para educar o jugar, pero que sin embargo ofrecen grandes posibilidades para que el niño investigue por sí mismo, desde su propio interés y curiosidad naturales. Normalmente se trata de objetos cotidianos o naturales.

Agua, barro, piedras, palos, ovillos de lana, conchas, tapones de corcho, anillas de cortina, cajas, rollos de papel de WC, llaves, pinzas de la ropa, rulos del pelo, cochas, pintura…

Juguetes:

Los juguetes más sofisticados y complicados no son siempre los mejores ni los más apropiados. Precisamente suele ser lo contrario, cuanto más sencillo es un juguete, más posibilidades tiene el niño de complementarlo con su imaginación y creatividad.

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El problema de los juguetes complejos es que sólo dejan al niño la posibilidad de verlos como espectador, en cambio, en los juguetes sencillos el niño puede completarlos con su imaginación.

Me gusta citar una frase que dice así: “JUGUETES ACTIVOS, MENTES PASIVAS

Por ejemplo, un coche muy bonito de policía que enciende las luces, emite sonidos y anda sólo, únicamente permite jugar con el coche mirándolo y sólo puede ser un coche de policía.

En cambio, un simple coche de plástico o de madera, permite al niño imaginar que es el coche de los papás, un coche de policía, una ambulancia, un coche de carreras, puede empujarlo con sus propias manos, emitir sonidos, jugar a que se estropea y hay que llamar a la grúa para que lo lleve al taller y lo arreglen…

Espero que os haya gustado, que paséis aún más tiempo jugando con vuestros hijos/as y que para las próximas Navidades o cumpleaños de vuestros hijos, sobrinos, nietos… os planteéis qué juguetes vais a regalar.

Recuerda que si te apetece jugar con tus hijos/as el máximo tiempo posible pero se te acaban las ideas de actividades educativas y divertidas al mismo tiempo, puedes apuntarte a uno de mis cursos de MONTESSORI EN EL HOGAR.

Que tengáis un buen día.

Gracias por leerme.

Mar MV

Descubriendo Montessori, montessori

“NO PASA NADA” vs “TE VAS A CAER”

Imagínate que tú, como adulto que eres, entras en la cocina, no te das cuenta de que hay una puerta de un armario de los altos abierta y ZAS! Te das un porrazo en la cabeza con el canto de los que “pican”. Inmediatamente te llevas las manos a la cabeza, te tensas, tal vez grites, golpees, blasfemes o llores durante un rato, hasta que el dolor acaba mermando.

Como te sentirías si en plena explosión del dolor llegara tu pareja y te dijera:

– “Venga va que no pasa nada

–  ¿Qué es lo más probable que dijerais? Yo personalmente estoy segura que le diría con cierta molestia:

–  “¡No te pasará a ti, yo me he hecho daño, y me duele!”

–   ¿Cierto o no?

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Pues lo mismo pasa con los niños, por alguna razón se ha extendido entre la población la falsa creencia que decirles a los niños cuando se caen que “no pasa nada” es bueno para ellos. Es como “quitarle importancia a la caída”, tal vez con la intención de que el niño o niña no se asuste y siga jugando.

Pero ello confunde al niño. Que se preguntará: ¿Cómo que no pasa nada si me he hecho daño? ¿No es importante mi dolor para mis padres? ¿Por qué no me dan cariño ahora que lo necesito?

No hay que “quitarle importancia a la caída” lo que hay que hacer es “no ponerla”.

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¿Qué hay de malo en que el niño se caiga? NADA. Es importante aprender a caer desde que el niño o niña empieza a moverse de forma natural, y aprender a levantarse después. Los niños se caen y se levantan constantemente, forma parte de su desarrollo. Lo importante es aprender a caer bien y a levantarse después.

Metafóricamente los adultos nos caemos muchas veces y hemos de saber caer para levantarnos de nuevo después.

Algunos pensaréis, ¡pero si se cae se puede hacer daño de verdad! Por eso le digo “te vas a caer” tan a menudo…

Bueno, el “daño de verdad” es un valor subjetivo, todo depende de la importancia que cada uno le quiera dar. Dos personas que sufren el mismo golpe en el mismo lugar, para una puede ser un golpe tremendo y que le afecte durante horas y otra puede no darle la mas mínima importancia.

Por ejemplo, ayer mismo, en un parque infantil, vi a dos niños de la misma edad, peso y altura aproximados, chocar uno con otro de forma casual al correr, los dos se cayeron de culo, uno se levantó y siguió corriendo y jugando como si nada, y el otro se puso a llorar, se fue a buscar a su madre que lo recibió con los brazos abiertos asustada, se sentó en su regazo y… ya no regresó al parque, se había terminado el juego para él…

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¿Qué os parece si en lugar de utilizar esa frase que afirma que el niño se va a caer sí o sí (no somos adivinos, puede que no se caiga), la cambiamos por otras frases en función de la situación?

Voy a poner algunos ejemplos:
– Niño corriendo: En vez de decir “Te vas a caer” podemos decir: “Nada”, en este caso no hay que decir nada de nada. Confía en el niño. ¿Qué es lo peor que te imaginas que puede pasar? Que se caiga de morros al suelo sin poner las manos, pues habrá sido una oportunidad para aprender a ponerlas en futuras ocasiones. Mejor que lo aprenda cuanto antes, pues los niños cada vez corren más rápido. Las heridas de los labios curan enseguida. Y los dientes de leche se acaban cayendo y salen unos nuevos 😉
– Niño subiendo o trepando por sitios difíciles con alto riesgo de caída: En vez de decir “Te vas a caer” podemos decir: “Eso que estás haciendo es bastante difícil, me voy a quedar cerca por si acaso te caes o crees que te vas a caer y necesitas mi ayuda, tu puedes, confío en ti, adelante” (no es necesario verbalizarlo todo, hay cosas, como la confianza en ellos, que se transmiten con nuestros actos). Y si caen, podemos animarles a volverlo a intentar. En la repetición está el aprendizaje.

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¿Qué haremos pues si un niño se cae, se hace daño y se pone a llorar?

Lo mejor es caminar hacia él con tranquilidad, quedarnos a su lado, mostrar empatía, ofrecer un abrazo, demostrar amor y comprensión, darle la importancia que se merece a la caída, es decir, no decirle que no pasa nada, ni exagerar la situación. Recordar que las heridas físicas se curan enseguida, las emocionales no son tan fáciles de curar.

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Susurrarle al oído alguna buena frase, por ejemplo ésta fabulosa que me he inventado siempre funciona bien:
“Acuérdate cariño de lo que siempre te digo: que el dolor tiene algo bueno, que viene… está un ratito… ¡y luego se va!. Ten paciencia, pronto pasará, me quedo contigo si quieres hasta que se te pase…”
De esta forma ¿qué crees que les haremos sentir?: Pues se sentirán respetados, tranquilos, queridos y valorados por sus seres más queridos, por sus figuras de referencia, sus padres o sus maestros/as.
De esta forma tan sencilla, podemos convertir algo tan normal como es una caída en algo positivo, en una oportunidad para aprender, aprender a caer (poner las manos, rodar para minimizar daños…), aprender a gestionar nuestras emociones (tanto del niño como las nuestras como padres), saber cómo actuar cuando un amigo se cae y no están cerca sus padres u otros adultos, aprender a curar una herida (stick de árnica o similar o frio para chichones, agua oxigenada y tirita para los cortes… ), aprender a recoger las cosas que se hayan podido caer junto con el niño (por ejemplo cristales, porcelana, líquidos…) etc…

Por desgracia, la sociedad en general tiende a ver las caídas como algo malo. La típica frase: “¡Cuidado que te vas a caer!” utilizada en exceso lo demuestra.

Como crees que se sienten cuando les dices: “Te vas a caer” y encima cuando se caen les dices: “te lo dije!”: Piénsalo…

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En lugar de ir corriendo y que nuestra prioridad sea ver la “gravedad” de la pupa, primemos el consuelo del niño o niña, pues ¿qué más da a priori si ha llegado a cortarse un poco o solo ha sido un porrazo? La forma de consolarle va a ser el mismo, y eso es lo que se le va a quedar marcado en su registro al niño de forma inconsciente, tu forma de actuar ante su caída, no las secuelas físicas de la misma. (Recordar que estoy hablando de caídas con daños leves o moderados)

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De lo que se trata es de no ser exagerados, de hacer un uso racional de la frase “te vas a caer”, no sentenciar, no vaticinar, de usarlo solo en aquellas situaciones en las que es prácticamente seguro que se vayan a caer y que además la caída pueda generar daños importantes en el niño (no meros rasguños o moratones), pero no usarla de forma aislada, sino acompañada de un refuerzo positivo, por ejemplo:

–          Te vas a caer si sigues subiendo por ahí y es peligroso, prueba mejor a subir por este otro lado…

–          Te vas a caer si lo haces de esa manera, creo que sería posible si lo intentaras de este otro modo…

–          Creo que te vas a caer, yo me voy a quedar cerca por si acaso, me quedo más tranquila/o si estoy cerca, adelante, inténtalo.

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Viene en su naturaleza, los niños han de saber cuáles son sus límites, hasta donde pueden llegar. Como van creciendo y sus habilidades aumentan, siempre van a estar poniendo a prueba sus destrezas y habilidades, es lo normal, lo sano.

Así que querido padre/madre, acéptalo lo antes posible y piensa en el cuento aquel que decía: “Que viene el lobo! Y todos acudían…, hasta que de tanto decirlo dejaron de hacer caso…”

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Mi hijo/a hoy en día cuando se hace daño, aunque sea poco, ya dramatiza la situación, algo ha fallado, pero… ¿qué hago para solucionarlo?

Para comprenderlo, piensa, ¿cómo reaccionabas cuando el niño o niña estaba empezando a caminar?, ¿cuál era tu reacción en las primeras caídas del niño?

Ibas corriendo y lo levantabas del suelo preocupado? O te agachabas a su altura sonriendo y le dejabas tiempo para que se levantara por sí mismo?

Un poco más mayores, en torno a 2 años, las primeras pupas en las manos, los primeros cortecitos, ¿Cómo reaccionabas? ¿Cogías tal vez con preocupación la mano de tu hijo/a analizando la gravedad del corte, corriendo al botiquín a desinfectar la herida y cubriéndola con una tirita asegurándote de que el niño/a entendiera que era algo importante para que no se arrancara la tirita?

Reflexiona un momento… El levantar a un niño rápidamente del suelo con preocupación cuando se cae dando sus primeros pasos les hace sentir miedo ante las caídas, acaban percibiéndolas como algo malo y acaban relacionando el error con algo malísimo, con vergüenza y con frustración, mermando así su autoestima con cada error, con cada caída, por muy pequeña que sea… y lo mismo sucede con los cortes debidos a su curiosidad innata por explorar el mundo que les rodea.

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Una de las cosas maravillosas de la educación Montessori es que se les transmite el concepto de que el error forma parte del proceso de aprendizaje, y establecen frente a él una actitud positiva, es decir que saben que caerse o equivocarse no es algo malo, es una OPORTUNIDAD para crecer, para aprender, para mejorar. Que el daño físico dura poco rato, que se pasa, que forma parte de la vida y lo interiorizan como algo positivo.

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Es curioso que con los niños que empiezan a caminar la tendencia de los padres es a tener reacciones desproporcionadas ante caídas, golpes y rasguños, pero cuando ya son más mayorcitos, que ya caminan, corren, trepan y saltan constantemente es cuando le vemos caer (y estamos casi seguros de que ha sido una “caída tonta” y no se ha podido hacer mucho daño desde nuestro umbral subjetivo del dolor) les decimos “no ha sido nada”.

¡Menuda contradicción!, primero les hacemos sentir miedo a las caídas y luego queremos quitarle importancia porque el niño o niña le da más de la necesaria. Reflexiónalo…

 

Como decía María Montessori: Sigue al niño, si de bebé no le da importancia a las caídas, golpes y rasguños, tu tampoco, y si de más mayor se las da, tu también (en el momento crítico), para posteriormente restarle importancia extrayendo conclusiones positivas de la situación, tomándola como una oportunidad para aprender.

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Simplemente he querido compartir con todos vosotros mi opinión personal como madre y guía Montessori del uso y abuso de éstas frases tan típicas (“No pasa nada” y “Te vas a caer”) cuando un niño se hace daño.

Espero que este post os haya gustado y que os haga reflexionar acerca de este tema. Espero vuestros comentarios.

Besos

Mar MV